En las orillas hablo de un ajado silencio.
Tiéndeme tu mano, Soledad, desde el corazón azul profundo
del Reino del Origen, desde el jardín secreto
y siempre vivo del que se nutre la memoria.
Señálame a los dioses de tan antiguo tiempo,
de tan lejano amor. haz que en mí renazcan
el júbilo del sol del mediodía,
la paz de las praderas bajo el cielo,
el oscuro presentimiento de la mar hacia el Norte,
la melancolía indecible
de los vientos cansados en la tarde sin voz.
En un país de maravillas (¡mi pequeño país!)
donde todo crecimiento y toda naturaleza
eran la luz de lo sobrenatural.
Dime hermana mía, única diosa presente conmigo
sobre el polvo de antaño,
¿tras todo este camino llegaré algún día,
como el viejo viajero bajo un viejo arco iris,
al umbral de la mañana renacida en Infancia,
al nuevamente amado País de lo Perdido?
Alfonso Vázquez Alonso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario